Friday, September 01, 2006

Entrevista La Provincia

RESPUESTAS DE MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

A CUESTIONARIO DE CIRA MOROTE PARA

“LA PROVINCIA”

1- Cuando yo tenía nueve años, viví con mis padres en un edificio de La Habana Vieja, en cuya azotea me refugiaba con un libro tan pronto como regresaba del colegio, y de allí me iba cuando las penumbras del atardecer dificultaban la lectura y mi madre me llamaba para el baño y la cena. Yo leía los libros de cuentos que compraba con la calderilla ahorrada de las meriendas. Estas lecturas fueron despertándome el deseo de escribir mis propios cuentos. Pero no empecé escribiendo cuentos, sino poemas, imitaciones de las rimas de Bécquer. Eso fue cuando yo estudiaba el bachillerato, hace poco más de medio siglo.

2- La poesía me aporta libertad. Me siento dueño absoluto de mí mismo cuando escribo un poema. O cuando leo uno ajeno, porque el lector es coautor. En el artículo de opinión he aprendido el arte de la concisión. Y la crítica es el género que menos me gusta practicar, pero en su ejercicio he aprendido a leer.

3- En mí, y creo que en todos los poetas, el poema tiene un moroso y oscuro proceso de gestación. La primera señal de su nacimiento es un verso que me sorprende en cualquier instante. Cuando esto sucede, abandono lo que estoy haciendo y me entrego, con una mezcla de deleite y temor, a su alumbramiento. El primer sorprendido soy yo si lo logro.

4- Tengo la impresión de que hoy la literatura cubana no pasa por uno de sus momentos más brillantes, aunque cuenta con algunos poetas, narradores y ensayistas valiosos, tanto dentro de la isla como en el exilio. Varios de estos autores han obtenido premios en España, como los novelistas Zoé Valdés, Pedro Juan Gutiérrez, María Elena Cruz Varela, Luis Manuel García, Alberto Lauro y Daína Chaviano, los poetas Ramón Fernández Larrea, Raúl Rivero y José Pérez Olivares y el ensayista Rafael Rojas.

5- Antonio Machado, León Felipe y Jorge Luis Borges.

6- Mi decepción en este aspecto fue gradual: comenzó con la clausura, decretada por Castro, del semanario cultural Lunes de Revolución, en 1961, y culminó en 1968, cuando el Gobierno cubano intentó impedir que la Unión de Escritores y Artistas premiara un libro del poeta Heberto Padilla. Este conflicto, conocido como el Caso Padilla, incluyó la coacción al jurados (del que yo formaba parte) y el arresto del poeta, quien fue obligado a autoinculparse en un acto netamente estalinista, sin precedentes en Cuba. Haber votado por el libro de Padilla me costó someterme a una autocrítica y diez y seis años de silencio forzoso. Diez y seis años sin poder publicar nada, sin salir del país y sin que mi nombre pudiera aparece en la prensa. Un veto similar fue impuesto a otros escritores amigos de Heberto. Me maravilla que intelectuales españoles, devotos de Castro y su régimen, se quejen de falta de libertad de expresión en España.

7- Pues viví, que ya es mérito. Me pusieron a redactar gacetillas culturales y a dirigir programas de música en una emisora de radio, donde estuve diez y siete años. De ella me echaron por firmar el Proyecto de Programa Socialista Democrático y la Carta de los Diez. Éste último es un documento en que diez intelectuales, entre ellos María Elena Cruz Varela y Raúl Rivero, pedíamos reformas económicas y políticas. Por el mismo motivo me echaron de la Unión de Escritores y de la de Periodistas. Cesanteado y vigilado, mi situación se hizo muy difícil de sobrellevar y decidí exiliarme, lo que conseguí gracias a gestiones de personalidades españolas, como Manuel Fraga Iribarne y Josefina Junquera, entonces vicepresidenta de la Diputación de Cádiz. Por cierto, quien nos llevó al aeropuerto de La Habana, a mi mujer y a mí, fue el subdirector de este periódico, Diego Talavera, lo cual evitó que nos orquestaran una despedida con acto de repudio.

8- Para los cubanos, la palabra disidente tiene connotaciones políticas y hasta heroicas referidas concretamente a la historia de Cuba de los últimos años, pues con ella designamos a quien arriesga todo, incluso la vida, enfrentándose a la dictadura castrista con el propósito de sustituirla por un Estado de libertades democráticas.

9- Básicamente, sí. Entregar un país a un caudillo autosuficiente y todopoderoso y privar de voz propia e iniciativa a los ciudadanos es la fórmula perfecta para anquilosarlo. La Cuba actual, que es un modelo de ineficiencia y caos, es fruto de esa perversa combinación de disparates. Se habla de la educación y la salud pública como logros indiscutibles de la revolución. Pues bien, la educación en Cuba, como todo, está enteramente en manos del Gobierno y es doctrinaria, y la salud pública, la destinada a los cubanos de a pie, no la de la propaganda ni la que se vende en dólares a los extranjeros, ha devenido un desastre desolador desde que la Unión Soviética desapareció y, con ella, el subsidio multimillonario que anualmente daba a Cuba para mantenerla en el engranaje de la guerra fría.

10- Los diccionarios dicen que bloqueo es el resultado de bloquear y que bloquear es, en términos generales, impedir o paralizar algo. También obstruir una vía, un camino. La primera acepción del vocablo se refiere a la acción militar de aislar o cercar un sitio o un ejército para impedirle la comunicación con el exterior. En la esfera jurídica es sinónimo de embargo. Por su relación con lo militar y porque suena más severo y agresivo, los críticos filocastristas del embargo norteamericano a Cuba prefieren, cuando se refieren a este embargo, usar la palabra bloqueo, lo cual no deja de ser curioso porque hoy Cuba tiene relaciones comerciales con más países que antes de la revolución, incluso con varios Estados de Estados Unidos en renglones agrícolas.

11- No. Estoy perfectamente integrado en la sociedad española, cosa nada extraordinaria para un cubano si tenemos en cuenta que, como suelo repetir, para los cubanos España es el país menos extranjero que existe. Además, no soy nacionalista. Mi patria es cualquier lugar del mundo donde yo tenga libertad, trabajo y amigos.

12- Internet es el más fabuloso instrumento de comunicación que ha existido. Más que la imprenta, más que el teléfono, más que la radio, más que la telegrafía, el teletipo y el fax, más que el cine y la televisión. Internet es todo eso y más. Pero estamos viendo en China, en Cuba y en otros sitios del planeta cómo el ciberespacio es también invadido por los censores. Confío, sin embargo, en que esa milenaria plaga sea al fin vencida por Internet.

13- Si comparamos el programa electoral de Lula con los resultados de su gobierno al día de hoy, debemos hablar de incumplimiento, o de fracaso. Y no toquemos el tema de la corrupción que ha enlodado a su partido. Pero entre Lula y Evo Morales hay diferencias a favor del primero. Por lo que está haciendo y diciendo, me queda claro que el boliviano es un populista clásico aparte de un demagogo con reivindicaciones prehispánicas incluidas, uno más de los que estamos cansados de ver en Latinoamérica, de los que gobiernan autoritariamente, se empeñan en burocratizar la economía, quiebran la sociedad y terminan por no mejorar o empeorar la vida de la gente. A esto hay que añadir que suelen salir del poder enriquecidos. Los pueblos votan por ellos cuando se hartan de los partidos tradicionales aparentemente democráticos.

14- Los regímenes en que la voluntad de un caudillo prevalece sobre las instituciones, o sea, en que un caudillo demuestra que el Estado es él, y el régimen de Cuba es de éstos, empiezan a pudrirse por la cabeza, como los peces. El pez que nos ocupa ha empezado a pudrirse. A juzgar por el último comunicado de Castro, en el que el dictador admite la gravedad de su estado de salud, Cuba está en el umbral de una nueva etapa de su historia. El régimen castrista ha entrado en el laberinto de su metamorfosis, pero no sabemos en qué se transformará ni cuál será el recorrido que inevitablemente ya está emprendiendo. Supongo que Raúl Castro intentará inmovilizar el sistema, pero llegará el momento en que, para mantenerse en el poder, tendrá que hacer reformas. Las primeras serán económicas, para aliviar la dura vida que la revolución ha impuesto al cubano de fila durante casi medio siglo. A partir de tales reformas, con la ayuda del sentido común y el empuje cívico de una oposición unida, espero que en algún momento, que no veo muy cercano, el inevitable proceso de descomposición del régimen dé paso a la creación de un democrático Estado de Derecho.

15- No soy politólogo ni economista y no tengo respuesta para esta pregunta, pero no veo que lo que está de moda llamar neoliberalismo salvaje haya suplantado a los regímenes comunistas en la Europa del Este, salvo en Rusia, donde lo que ha habido y hay es corrupción y bandolerismo, un fenómeno que puede deberse a gobernantes como Yeltsin y Putin y no a una fatalidad inexorable de las transiciones. Habrá que extraer enseñanzas de esas transiciones europeas menos conflictivas, más ordenadas, para evitar que ocurra lo de Rusia en Cuba.

16- Sí, pero de visita, o definitivamente si mis hijas regresan.

17- Un tránsito civilizado hacia una democracia solidaria. Y, por supuesto, prosperidad, para que el cubano consiga olvidar cuanto antes medio siglo de hambre, miseria y miedo.

Manuel Díaz Martínez,

31.VIII.2006